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viernes, 11 de abril de 2008

HAMMER, LA VERDAD DEL SIDA‏‏

Como les mencionara anteriormente agradezco sobremanera a quienes me escriben y desean compartir este articulo del Dr.Hammer, nuestra tarea es DIFUNDIR la Nueva Medicina, aunque en muchos centros, se aplica por un selectivo grupo, con cargo de secreto, por las represalias de ciertas autoridades medicas
Todo lo que se dice tiene sustento cientifico y confirmado por la Universidad de Trnava en Setiembre de 1998…y luego muchos otros estudios, con el 90 % de éxito en pacientes supuestamente terminales. Hace casi diez años de esto, sin embargo la “ciencia ortodoxa” del mecanicismo, se niega a discutir…¿sera que se quedaron sin argumentos?. Nosotros les daremos uno mejor la SALUD…!
Cada mañana os bendigo y decido, con amor, alegria y armonia!
Seguimos con el Capitulo IV:


EN LOS PACIENTE CON S.I.D.A. NO SE ENCUENTRA JAMÁS EL VIRUS HIV.Los principales linfocitos implicados en el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida-S.I.D.A. serían los linfocitos T. Así pues, tan solo habría uno de cada 10.000 que hubiera fagocitado un fragmento del virus, un
 Efectivamente, si la gente sólo cae espectacularmente enferma si se les dice que son seropositivos, es que ha llegado el momento de ser consciente de lo que le sucede al psiquismo de un paciente que se ve confrontado a un diagnóstico aniquilador que es ¡en un 50% mortal!
¿Son nuestros médicos tan insensibles, que ni uno solo se haya dando cuenta hasta ahora de lo que sucede en un paciente cuando se le confronta brutalmente a un diagnóstico así de fulminante? En efecto, el paciente ignora que todo esto no es más que una mistificación, una impostura fomentada con un objetivo muy determinado por ciertos ambientes. El desgraciado se lo toma al pie de la letra, tanto más cuanto que toda la puesta en escena es efectuada por especialistas de forma completamente profesional.
virus del que no se ha encontrado ningún fragmento completo en ningún paciente de S.I.D.A. ¿Quién busca pues el 10.000avo linfocito T? ¿Quién le identifica? Son el puro producto de
una imaginación desenfrenada.
Es muy extraño lo que el profesor
Duesberg explicaba en el nº 39 de raum&zeit, a saber, que desde 1984 el virus HIV había sido reconocido por el Ministerio de Salud de los Estados Unidos como causante del S.I.D.A., y que la patente del S.I.D.A. había sido depositada y homologada antes incluso de que se hubiese publicado el primer estudio americano sobre el S.I.D.A.. ¿Quién tenía tanta prisa, y quién se esconde tras ello? ¿Por qué la prensa en su totalidad se ha apuntado al carro sin el menor espíritu crítico?
Partiendo de que no existen síntomas específicos del S.I.D.A., queda abierto el camino al diagnóstico médico arbitrario. Si un paciente no es seropositivo, pero presenta, por ejemplo, un cáncer, un reumatismo articular, un sarcoma, una neumonía, si tiene diarrea, sufre demencia, micosis, tuberculosis, fiebre, una erupción por herpes, toda clase de síntomas neurológicos o de deficiencias, todo va bien, no hay de qué preocuparse, ya que son enfermedades corrientes completamente normales, según las concepciones vigentes hasta el momento. Pero basta que esa misma persona sea seropositiva para que todos estos síntomas se conviertan de repente en el S.I.D.A. Cabría incluso decir que son metástasis de S.I.D.A., mensajeras de la muerte rápida y atroz del infortunado paciente con S.I.D.A.. Por supuesto, los médicos a favor de la eutanasia les dan al condenado a muerte el beneficio de la jeringuilla eléctrica (ya que de cualquier manera no hay nada que hacer por él ya que el S.I.D.A. es mortal).
Es igualmente muy extraño que el S.I.D.A., que se supone es una enfermedad viral, tenga un comportamiento totalmente diferente de todas las demás enfermedades virales. En efecto, siempre se ha admitido que éstas han quedado vencidas si el test de anticuerpos es positivo.
Pero, el hecho más extraño de todos, que todos los investigadores han mencionado como de pasada aunque sin incitar a ninguno de ellos a sacar la menor consecuencia es que: ¡sólo se convierte en víctima del S.I.D.A. quien sabe que es seropositivo o cree serlo!
¿No resulta extraño que nadie se haya puesto todavía a estudiar más a fondo este fenómeno, que es sin embargo absolutamente sorprendente? Conocemos en efecto poblaciones enteras a las que no les sucede nada a pesar de resultar en un 100% seropositivas. Y aunque seropositivos, los chimpancés, que son monos antropoides, no presentan jamás el menor síntoma susceptible de parecerse al S.I.D.A.

LA PSIQUE JUEGA UN PAPEL IMPORTANTE EN ESTE ASUNTO.

 DOS EJEMPLOS: dos ejemplos sacados de la vida misma:
Primer caso.

Un guarda forestal retirado que, a título privado, cuidaba del coto de caza de un fabricante, tuvo un conflicto típico de contrariedad territorial, con ocasión de una querella mantenida con el arquitecto del fabricante acerca del pabellón de caza, a cuyo cuidado estaba el guarda forestal. Una vez resuelto el conflicto, el guarda, durante la fase de curación, desarrolló la obligada hepatitis. Tenía fiebre, casi 38,5, sus valores hepáticos eran altos y fue hospitalizado. Le cuidaron la hepatitis. La fiebre remitió pronto, y las constantes hepáticas volvieron a la normalidad al cabo de algunas semanas. Hasta aquí, se trata de un caso perfectamente normal.
Desgraciadamente, los concienzudos doctores le habían practicado también un test sanguíneo para la detección del S.I.D.A. Y le salió positivo. El profesor acudió raudo a la cabecera de su cama, muy excitado, se plantó ante él y le soltó solemnemente su veredicto fatal: Señor guarda forestal, tiene usted el S.I.D.A.

«Recibí la noticia como un mazazo», explica el viejo guarda. Él, que hasta entonces había sido el notable más respetado del pueblo, se iba a convertir ahora en objeto de escarnio popular. Le tratarían como a un depravado, nadie volvería a estrecharle la mano ni podría sentarse como antes en un café. Los lugareños, que hasta entonces le acogían cordialmente, le volverían la espalda. Todos sus paseos iban a convertirse para él en una pesadilla: tendría la sensación de pasear entre dos hileras de curiosos. El viejo guarda forestal rompió a llorar. El profesor se despidió de él -eso sí- sin darle la mano, ¡por lo del peligro de contagio!

La misma mañana siguiente era dado de alta en el hospital, también desde luego a causa del peligro de contagio. Le miraban como a un bicho raro, como si cada uno se estuviese diciendo: ¡Es la última persona de quien me hubiese esperado algo así!. Nadie le tendió la mano al despedirse, el profesor estaba demasiado ocupado para atenderle, y presentó sus excusas.

En su hogar, su esposa hizo gala de mayor comprensión, eso sí, aconsejándole sin embargo que no tocase a los hijos ni a los niños pequeños, porque no se sabe cómo se transmite la enfermedad.

Dos días después fue citado por su médico de cabecera, una doctora que le habló a bocajarro de su enfermedad mortal, de la que había sido advertida directamente por la clínica. «Señor guarda forestal», empezó ella, «debemos hablar ahora de la muerte. Yo no le abandonaré, y obtendrá de mí todas las medicinas que le facilitarán la muerte». El pobre viejo guarda al que, dos días antes, el diagnóstico del médico había ya tumbado por el suelo, empezó a caer ahora por un abismo sin fondo. Durante casi dos semanas, el guarda forestal fue víctima del pánico. Adelgazó, lo que inmediatamente fue atribuido a un síntoma típico del S.I.D.A.

Luego, su hermana le dio a leer mi libro: Fundamento de una Nueva Medicina, en el cual se puede ver que todo el pánico desencadenado a propósito del S.I.D.A. no es más que una infame mentira. ¡Eso le dio mucho ánimo!.
Inmediatamente recuperó su anterior apetito, volvió a dormir como antes, a tener las manos calientes. Me llamó por teléfono y se convenció de que lo que le habían hecho creer era realmente una patraña. Se hizo hacer un escáner cerebral, y cuando, dos semanas más tarde, vino a verme a Gratz, pude liberarle de todo resquicio de miedo.

Le aconsejé que no abandonase sus controles para que no sospechasen que cuestionaba los dogmas sagrados de la medicina. En lugar de eso, podría sonreirse cara a cara de sus congéneres, burlándose interiormente de su ignorancia. Sé que es lo suficientemente listo para hacerlo así."


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